Blanca y Radiante ~

domingo, 21 de febrero de 2010
Querido Diario:

¿Recuerdas que te conté anteayer que ese apuesto cazador del bigote oscuro y los brazos musculosos finalmente se atrevió a hablarme? ¡¿Y que me invitó a pasear con él, eso lo recuerdas?! Bueno, yo pensé que mi madrastra nunca lo consentiría, siendo él más rústico que la estopa y yo la distinguida hija de un rey, con la tez blanca como la nieve, los labios rojos como la sangre y el pelo negro como el ébano. Pero ayer, cuando le pregunté si objetaría que faltase a mi clase de “Bordado de Refranes Etruscos” para pasear con este buen hombre, mi madrastra no dijo ni “chis”. “Mh. Qué extraño”, pensé yo en aquel entonces. Pero estaba tan emocionada, que corrí a elegir mis mejores ropas y la dejé a solas con su espejo, secreteando como todas las mañanas si el jabalí se sazona mejor con arándanos o chimichurri. Entonces, al terminar la clase de “Aseveraciones, Complacencias y Mohines Dignos de Princesas II”, partí rauda como una liebre a encontrarme con el lozano jinete. Mi corazón galopaba a la par de nuestros corceles. Marchamos a campo traviesa por un buen rato. Los rayos del sol rebotaban en los cabellos claros de su testa varonil. Unas primorosas gotas de intenso sudor perlaban su frente, bozo y tres cuartos de su chambergo, hundiéndose en la tela en caprichosos semicírculos bajo sus axilas. Exudaba, entre otras cosas, una imponente aura heroica. Nos la estábamos pasando de lo más lindo. Yo le contaba sobre el lote de satín color lavanda que unos mercaderes orientales le obsequiaron a mi padre, el rey, para mi vestido de 15. Él, tímido, balbuceaba deliciosos sonidos guturales cuando, de repente, nos internamos en el bosque prohibido. “Uy”, pensé yo en ese momento, “¿me habrá traído aquí para confesarme su amor irrefrenable, lejos de miradas curiosas, oídos indiscretos y civilización alguna?”. Mi vientre gorjeaba de los nervios y un ligero atisbo de hambre (llevábamos cinco horas de cabalgata continua, sin detenernos siquiera para otear el paisaje). Pero no podía estar más equivocada. Tras adentrarse en el follaje, mi pretendiente se detuvo en seco. Ofreciéndome su mano velluda, me invitó a descender del zaino. Y allí, en medio de la arboleda sombría, finalmente se confesó.

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Escucharte y sentirte

viernes, 29 de enero de 2010

¿Dónde estás?
Aquí estoy, mirame
No te veo!
estoy frente a ti,
vuelve a mirar estoy mirando,
no te veo!

Necesito verte, te extraño!
cierra los ojos,
¿Me sientes?
Sí, te siento, te siento frente a mi.
ves, si estoy!

Pero no te veo !
Mi amor, aquí estoy
¿Dónde?
Espera, no puedo tocarte
¿Porqué?
no sé, no sé que pasa.
¿Por qué no puedo verte?
No lo sé, no entiendo que me pasa.
tampoco te senti entrar
¿No?, no entiendo
espera, suena el telefono.

¿Quién era, Por qué tienes esa cara?
¿Cómo llegaste aqui?
la verdad... no recuerdo, ¿No recuerdo?
¿Qué paso antes de qué vinieras?
estaba en mi auto, y ... ¿Mori?
Por eso no puedo verte, sólo escucharte y sentirte...

Los llamares ~

miércoles, 13 de enero de 2010
La luna llama a la mar y la mar llama al humilde chorrito de agua, que en busca de la mar corre y corre desde donde sea, por muy lejos que sea, y corriendo crece y arremete y no hay montaña que le pare la pechada. El sol llama a la parra, que queriendo sol se estira y sube. El primer aire de la mañana llama a los olores de la ciudad que despierta, aroma de pan recién dorado, aroma de café recién molido, y los aromas al aire entran y del aire se apoderan. La noche llama a las flores del camalote, y a medianoche en punto estallan en el río esos blancos fulgores que abren la negrura y se meten en ella y la rompen y se la comen.

~ La frontera del arte

lunes, 4 de enero de 2010
Fue la batalla más larga de cuantas se pelearon en Tuscatlán o en cualquier otra región de El Salvador. Empezó a la medianoche, cuando las primeras granadas cayeron sobre la loma, y duró toda la noche y hasta la tarde del día siguiente. Los militares decían que Cinquera era inexpugnable. Cuatro veces la habían asaltado los guerrilleros, y cuatro veces habían fracasado. La quinta vez, cuando se alzó la bandera blanca en el mástil de la comandancia, los tiros al aire empezaron los festejos. Julio Ama, que peleaba y fotografiaba la guerra, andaba caminando por las calles. Llevaba su fusil en la mano y la cámara, también cargada y lista para disparar, colgada del cuello. Andaba Julio por las calles, polvorientas, en busca de los hermanos gemelos. Esos gemelos eran los únicos sobrevivientes de una aldea exterminada por el ejército. Tenían dieciséis años. Les gustaba combatir junto a Julio: y en las entreguerras, él les enseñaba a leer y a fotografiar. En el torbellino de esa batalla, Julio había perdido a los gemelos, y ahora no los veía entre los vivos ni entre los muertos.

I Don't care - 2NE1

domingo, 3 de enero de 2010

Los sueños de Helena.


"Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba:
- Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.
Hacían la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía el sueño bobo, que siempre volvía, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar."

{El libro de los abrazos, Eduardo Galean}
 
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